viernes, 17 de enero de 2014

La Plaza Mérida: entérese de lo que realmente sucedió, sin censuras!.


“No podemos seguir tolerando actitudes como la del juez de plaza, que tiene un criterio variante y en la corrida de San Isidro dejó fuera un toro grande y aprobó el más chico, y lo sabemos, y ahora rechaza toros que, lo pueden constatar, podrían ser autorizados en cualquier otra plaza del país”

Argumento central de la suspensión de la temporada en voz del propio Ricardo Sánchez, Matador de Toros en retiro.

“Nos hemos equivocado y hemos rectificado, pero ahora estamos seguros que en ésta ocasión, tenemos la razón.” Agrego.

La temporada en la Mérida se suspende. ¿Por qué? Pues es muy simple:

La soberbia de un hombre que no es taurino y sin embargo, es el Juez de plaza.

¿Cómo llegamos a este punto?

Si me lo permite, querido lector, se lo voy a contar, pues yo estuve ahí, asi que tenga calma, lea, y saque usted sus propias conclusiones…….



Eran los primeros meses de nuestro recién electo alcalde Renán Barrera y como suele suceder en cada cambio de gobierno, cuando hay alternancia, lo viejo se mandó a la calle y se dijo “que venga lo nuevo.”

Y así fue.

Recuerdo que desde un principio se habló del regreso del Juez de hierro.

Apadrinado por Hernán Evia, presidente de la comisión taurina, y propuesto como primer acto de relevancia política por el joven regidor de espectáculos Elías Lixa.

Quien no hizo las indagatorias pertinentes y sólo se confió de lo que unos cuantos –concretamente uno.- le había sugerido.

Así fue que nuestro querido Regidor, que no es aficionado, enarboló la falsa bandera de “Defensa de la dignidad de la fiesta yucateca” y logró que el cabildo nombrara Juez al Sr. Zapata.

El Sr. Zapata que ha tenido problemas con cuanta empresa ha pasado por nuestra plaza y que, en momentos, ha tenido razón y en otros no.

Comenzó así la temporada 2012-1013. Se permitieron cosas y se cometieron errores de ambas partes. Pero era una relación manejable. A pesar del encono que el Sr. Juez tiene con algunos notables de la fiesta en Mérida.

El problema real comenzó cuando la corrida más presentada de la temporada pasada, de Begoña también, iba a ser enlotada, es decir, cuando se elegiría que toros irían juntos de tal manera que exista cierta parejura entre los matadores.

Porque hay que aclararlo, se sortean lotes de dos, no toros sueltos.

Esto tiene una varias razones de ser:

Que se compense el tamaño de los astados combinando al más pequeño con el más grande; que se tercie la suerte al evitar enlotar juntos a toros que tengan la misma reata o procedencia o de comportamiento posiblemente similar; permitir que el ganadero elija, entre los toros autorizados, los nombres y cuáles serán lidiados y cuáles serán sobreros.

Es así, que en todas las plazas del mundo, los ganaderos “enlotan”, pues ellos conocen a sus toros y como ganaderos tienen una mejor idea de que toro puede embestir y que toro no; todo esto sólo con los toros que la autoridad, en este caso el Sr. Zapata, ya hubiesen autorizado.

Pretendió Juan Pablo Bailleres, representante de su padre Don Alberto, enlotar de acuerdo a lo que consuetudinariamente, es decir, por costumbre, se permite en todas las plazas del mundo.

Y ¡Oh sorpresa!

Fue detenido por el Señor Zapata con un determinante: Aquí en Mérida las cosas se hacen de manera diferente y yo soy la autoridad.

Yo lo escuché, nadie me lo cuenta. Yo y 40 personas más que estuvieron presentes en el sorteo.

A lo que Juan Pablo procedió a rebatir argumentando que la facultad de enlotar no se encuentra descrita entre las facultades del Juez de Plaza y que la lógica de todo el mundo era aquella: Los ganaderos enlotan porque la responsabilidad del lucimiento de los toros es de ellos.

Pues no y no y no y se hizo lo que el Juez quiso.

En otras palabras, se tomó una atribución que no tiene y que otros ganaderos, por evitar problemas, no le rebaten.

Sin embargo el daño estaba hecho. 




Juan Pablo Bailleres se había atrevido a cuestionar con argumentos y con justa razón, las decisiones de una autoridad, nuestro querido Juez de Hierro San Ulises Zapata, patrono de los elefantes con cuernos y al hacerlo también cuestionaba la mencionada de nuestro Gran Sacerdote de la Tauromaquia, Hernán Evia.

A Elías Lixa no lo podemos culpar, él no sabe de toros y en las corridas se veía tan fuera de lugar como un entacuchado en una vaquería.

Se dejó atrás el capítulo y comenzó esta temporada.

Autorizó el Sr. Juez, un encierro infame de Teófilo Gómez –infame como todo lo que presenta Teófilo.- para Alejandro Talavante quien estuvo ligeramente cumplidor.

Corrida de figuras para una figura.

Llegó la segunda corrida con una corrida de La Playa que era toda cubeta y bastante joven en apariencia, y también la dejó pasar.

Para la tercera corrida, la del 15 de diciembre de 2013, se presenta un encierro que podría haberse lidiado en Guadalajara –la plaza más seria de este país.- y sorprendentemente fueron rechazados tres toros.

Se parchó con una corrida de San Fermín la cual recordamos por el extraordinario quinto toro, segundo de Fandiño que permitió el toreo más puro que esta plaza ha visto en años.

Pero sucedió algo.

El Juez cometió un error de dedo e intercambió los números del toro menos presentado de la corrida y el más presentado.

Es decir, confundió el número del toro más grande con el del toro más chico.

Un error lo comete cualquiera, pensaríamos.

Pero no.

San Ulises no comete errores y al serle señalado el error sólo se limitó a contestar: Yo no me equivoco.

¡Oh mi Dios!

¿Qué obra buena nos ha hecho a los yucatecos merecedores de la perfección de Ulises Zapata?

¡Que seguridad!

Que firmeza!

¡Que determinación!

¡¡¡QUE SOBERBIA!!!

Nadie lo puedo hacer entrar en razón y el toro más grande de la corrida se quedó en corrales y el toro más chico se lidió, cuando los ganaderos y toreros querían que el toro más grande fuera lidiado por ser el que tenía mejor nota de tienta.

Al diablo los ganaderos, Ulises lo sabe todo.

Tanto así, que cuando pitaron al toro más chico, sí, aquel que él se empeñó en lidiar, quienes le silbaron dejaron de ser buenos aficionados en los ojos de Ulises y se convirtieron en enemigos de la fiesta que no entienden y no saben.

Era de risa, aquellos que le habían sido incondicionales y que le habían defendido tantas veces se volteaban en su contra y él, San Ulises, no sabía cómo reaccionar.

¡¡¡Se había equivocado!!!

¡¡¡Oh pecado mortal!!!

Pero eso pasó.



Se sacó del callejón a quienes se atrevieron a cuestionar sus decisiones, porque han de saber mis queridos lectores, que en esta plaza, si uno critica al Juez, lo sacan del callejón.

Por suerte yo tengo mis apartados y la fortuna de poder solventarlos en cada corrida.

Una vez eliminados los manos elementos de la prensa del callejón, se autorizó una corrida del Jagüey que no tuvo mayor problema y la estocada se reservó para la corrida del 19 de enero.

Por qué esa corrida?

Simple, para matar dos pájaros de un tiro:

Rechazar la corrida de Alberto Bailleres, propietario además de la empresa que regentea la Plaza Mérida y asestar un golpe a Michelle y Diana Lagravere ocasionando la suspensión de la corrida en la que regresaría Michelito a su tierra.

Alguien dirá que todo esto es sospechosísimo y que San Ulises actuó con apego al reglamento y le dio a la empresa 72 horas para traer más ganado.

Sin embargo el sabía cómo reaccionaría la empresa por una simple razón:

La corrida se encuentra bien presentada.

En otras palabras, tiene el trapío y a todas vistas la edad para ser lidiada en ésta y otras plazas de mayor categoría.

Pero con lo que no contaba era con la suspensión de la temporada completa.

Él sólo quería demostrarle a Juan Pablo Bailleres que, como el mismo dijo, nunca se equivoca.

Pero se equivocó.

Porque a pesar de la sequedad de su rostro y lo parco de su hablar, el tlaxcalteca es humano, como lo somos todos.

Aunque su falta de humanización le impida aceptar que todos nos podemos equivocar.

Así fue que el lunes por la noche, ante la petición del alcalde de reconsiderar su posición, San Ulises y el Gran Sacerdote, casi beato de la tauromaquia, Hernán Evia, ofrecieron muy indignados su renuncia al alcalde, quien por supuesto las rechazó.

Con el asunto de las luminarias tiene suficiente como para cargarse además a los taurinos que, seremos pocos, pero somos bravos.

¿Su intención?

Salir como los héroes defensores de la fiesta y del público yucateco, el cual para ellos es tan estúpido que debe ser protegido hasta de si mismo, pues en más de una ocasión el Juez no ha acatado los designios del público y se ha guardado varias “primeras orejas”; porque hemos de recordar que la primera oreja la entrega el público.

Creyeron que se suspendería esta corrida y las cosas seguirían normales.

Pues no.

Esta vez fueron demasiado lejos.

Y la empresa, ejerciendo el derecho de cualquier empresa, levó anclas y partió. 

Tal y como lo hicieron 6 empresas previas por las mismas causas.

Trataron de engañar a los periodistas y a la afición al hacernos pensar que eran ellos quienes habían emitido un comunicado de cancelación antes que la empresa.

Falso de toda falsedad.

Tal comunicado fue recibido por esta redacción momentos después de concluida la rueda de prensa en la que la empresa tomaba la determinación de retirarse y suspender toda la temporada, tanto en la Plaza Mérida como en el Coliseo Yucatán.

Como me dijo Elías Lixa en aquella corrida de Begoña en la que el Juez y Bailleres tuvieron un encontronazo:

Cometí un error, pero por razones políticas no nos podemos retractar.

Y así permitió que la bola de nieve rodara, creciera y lo arrollara.

Posteriormente, a algún colega el Juez San Ulises le dijo, cuando se le preguntó su opinión sobre los empleos perdidos y la derrama económica que se dejaba de generar al cerrar las dos plazas más importantes del sureste –una todavía por inaugurar.-

“Yo sólo opino de toros.”

¡Que cojones los de usted Sr. Juez!

Guardarse de esa manera.

Pretender que la responsabilidad es de todos menos de usted.

Sobre la empresa, responsabilidad tiene.

Se equivocaron en varias ocasiones y terminaron rectificando en la mayoría, pero ahí quedaron algunos errores graves sobre todo en las primeras dos corridas de esta temporada.

Pero esta vez no se habían equivocado y yo en el lugar de ellos, hubiese, al igual que ellos, “cogido mis chivas y largádome de aquí.”

Lo que escribo es lo que vi o escuche de manera directa.

Nadie me lo cuenta.

Se lo relato a usted lector, de una forma sarcástica para hacerlo menos tedioso y más entretenido.

Pero la realidad es la siguiente:

Por un berrinche de Ulises Zapata, en su soberbia; por la intransigencia de Hernán Evia, por la falta de pericia política del joven Regidor Elías Lixa y por el desinterés del alcalde Renán Barrera; hoy se cierra una de las plazas más emblemáticas del país.

Dejando sin empleo a 200 personas de manera directa y a otras 200 de manera indirecta.

Dejando a la afición sin toros y dándole a la fiesta un pinchazo hondo que puede ser suficiente para que doble en tablas.

Decía uno al que aprecio, que no necesitábamos antitaurinos, porque la fiesta de los toros la podemos acabar los taurinos solitos.

Que verdad tan grande.

Fuente: Marco A. Bastarrachea

Medio: http://www.puntomedio.com.mx/

Twitter a @Bastarrachea.
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