miércoles, 23 de octubre de 2013

El cuento de nunca acabar de los caballos del Rey Diego



Esta noche Rocío le contará al niño Diego el cuento de los caballos. Dicen que los niños que no hablan no entienden, ¡Hay que ser necios! Una madre y su hijo se comunican desde mucho antes de que el niño nazca y durante toda su vida.

Y empezará suave a la hora de dormir. con esa voz que sólo las madres saben entonar, despacio, hablando al corazón.

Un cuento, una historia, una verdad, lealo, y conozca un poco mas sobre los caballos de Diego Ventura…………



Mira Dieguito, habíase una vez que se era, en un muy cercano reino, un rey del rejoneo que buscaba el caballo perfecto, el más valiente, el más noble, el más bello, el que se los dejará llegar más cerca., el de más expresión, el más torero.



El Rey Diego mandaba emisarios a todos los confines del reino, a Priego de Córdoba a Coria o a Lebrija en Sevilla, a Jerez, a Lusitania. la tierra del padre del Rey, a Almonte o Los Montes en Huelva, a Puente Genil o a Madrid siempre buscando esa noble bestia.

Cada año le presentaban decenas de cuadrúpedos, unos eran muy bellos pero sin clase, otros jacos con nervio pero sin corazón, algunos valientes pero sin alma.

De todos ellos, cada año escogía Diego, el rey Ventura, media docena de corceles entre los más completos del reino, los que se distinguían por su capa, por su torería, por su valor, por su coraje.



El rey elegía los mejores caballos, tenía buen ojo, luego los domaba en Invierno, horas en el picadero.

Y en Primavera y Verano, todos los caballos le ayudaban a ganar las batallas principales que tenía con el rey del norte y otros reyezuelos de los contornos.

Todos ayudaron a consolidar su reinado en tardes gloriosas en Las Ventas, en La Maestranza, en Colombinas.

Todos los aficionados lo vieron triunfar en su plazas, bueno casi todos, pero eso es otro cuento.

Pero el rey estaba mustio, una pena corroía las entrañas del rey, los más escogidos caballos de sus cuadras se le iban siempre. Corría por el reino la leyenda de que le perseguía una maldición.

De la tierra triste del padre de Diego habían venido Isco que era de Salgueriro y Café, que fue de Moura, y le enseñaron mucho cuando era un príncipe ambicioso, ganaron importantes batallas, uno murió de viejo y otro se rompió la mano aunque seguía toreando con el corazón.

El rey se preguntaba que el mal de ojo que se llevó a las marismas del cielo dos tordos bravos, Sudeste y Revuelo, que por bravo fue corneado en Méjico.



Luego se fueron galopando al país de no volver,, Manzanares, Guaraná, Jaleo y Distinto, el más bravo de los caballos toreros.

Cada año el rey se entristecía mucho porque se le morían los mejores caballos y sólo salía de su tristeza cuando encontraba otro caballo estrella, distinto y único.

Este año fue Califa quien murió, un caballo de último tercio de mucha fe y pureza.
El rey consultó a sus físicos y sus sabios y sus magos.

"No hay maldición" concluyeron todos.

El rey sabía donde estaba la solución, en sus duendes "Trabajo" y "Constancia" y ahí se apoyaba siempre.

Las penas del Rey Diego se vieron enjugadas esta temporada por un caballo tordo que había nacido en los jardines de palacio, de su propia ganadería.

Pegaso era un caballo de dioses, no de reyes, era valiente, se los dejaba llegar hasta los belfos dando el paso atrás, cuando los pitones acariciaban sus crines, Pegaso, la culata en tablas, quebraba en terrenos imposibles, sólo pisados por héroes alados.

Decían los palafreneros de palacio que Pegaso estaba ensillado y no podía tener fuerza, sin embargo el rodao tenía más fuerza y corazón que ningún otro de las cuadras reales, tan grande y tan noble corazón tenía el animal que parecía un hombre y, una enfermedad de hombre, como el cáncer, se lo llevó en Octubre.

El rey está triste este otoño.

Otra vez llegaran los súbditos de todos los rincones del reino con sus jáquimas de oro mostrando al rey los mejores jacos, otra vez elegirá con tino el monarca del rejoneo y de nuevo empezará a preparar al ignorante animal para convertirlo en un caballo torero, pleno de corazón, de plasticidad y de entrega.

Pasea por las orillas del río, el rey está triste, se le fue Pegaso, el último amigo de cuatro patas, se sienta cabizbajo pensando en la eterna guerra con el huidizo rey del norte, y el joven rey mira al cielo, no totos lo reyes saben mirar la cielo, alguno miran y no ven nada más que negrura, lunas y estrellas,

Pero el rey Ventura ve allí de repente doce estrellas, las que mas brillan, que galopan, que juegan y retozan, unas con las crines tordas, otras plata, otras alazanas otras negras y castañas.



Hacen cabriolas y piruetas y paradas en raya y juegan a enganchar el carro de la Osa mayor y a llevarlo a ver la Osa Menor. Quiebran estrellas fugaces, ponen banderillas dando el pecho a los agujeros negros. Son sus caballos toreros, todos juntos en manada libre que le relinchan desde el firmamento.

El rey sonríe y mira a las cuadras reales, allí sabe que está el caballo que mitigará sus penas, lo sabe con la misma certeza que en el cielo acaba de ver a Isco y a Cafe. a Trincherazo y a Manzanres con Guaraná y con Distinto junto a México y a Jaleo, que acaban de recibir con honores de rey a Pegaso, al que Califa le ha frotado el morro con fuerza en el cuello dándole la bienvenida.

Se acuesta temprano el rey por que mañana tiene que empezar a buscar y a domar a su nuevo caballo torero,

Vuelve a palacio y sonríe cuando ve a su reina con Dieguito dormido en brazos musitando el final del cuento que no tiene fin:

..Y colorín colorado, este cuento no ha acabado



Fuente: AmbitoToros



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